Nuestro correo es:

Nuestro correo es: clasesdeconsulta@yahoo.com.ar

7/4/10

Modos de Conocer, modos de comunicar

A continuación les proponemos la lectura de dos textos para trabajar la próxima clase:
El arbol del conocimiento de Humberto Maturana y Francisco Varela - Descargar en Pdf o puedes verlo desde acá:

Myebook - El árbol del conocimiento - click here to open my ebook


Trabajo en redes de Elina Dabas y Néstor Perrone


Trabajo en Redes 

“... La transformación conceptual que viene de la mano de una nueva metáfora como la del universo como red o entramado de relaciones hoy excede largamente a la transformación de la imagen del mundo propuesta por la física, para abarcar desde la lingüística hasta las teorías organizacionales, la psicología y la economía, donde está comenzando a tallar con fuerza. (Najmanovivh, El juego de lo vínculos).


Acerca de nuestra época y las redes sociales

La modernidad nos demostró la existencia de un conocimiento que nos posibilitaba acceder al reino de la verdad. Contaba para ello con una herramienta fundamental: la razón. Ésta posibilitaba conocer el mundo a través del conocimiento científico y organizarlo a través de leyes racionales. El hombre contemplaba la creación y así descubría su funcionamiento. La vida del hombre se hallaba regida por las leyes de la ciencia y del aparato jurídico. Se esperaba que fuera objetivo, que observara al mundo desde afuera de sí mismo, que cumpliera las reglas.

Esta realidad tomada como la verdadera, dio lugar a lo que la epistemología cartesiana llamó conocimiento objetivo. Este conocimiento priorizó los estándares; las grillas explicativas que posibilitaban ordenar la realidad; valorizó lo cuantitativo, construyendo instrumentos de medida para evaluar y juzgar lo que sucede. Las emociones y la pasión, al igual que la intuición y lo artístico fueron consideradas productos menores y por lo tanto desvalorizadas, sin que por ello se resten méritos a las contribuciones que el pensamiento positivo aportó al desarrollo de la ciencia.

Al referirse al paradigma de la modernidad, D. Najmanovich plantea que la transpolación de la física newtoniana concibe a la organización social como un mecanismo, una máquina que funciona de acuerdo a un modelo técnico, racional y lógico, que define para dicha máquina una estructura formal. Desde esta perspectiva, el que opera en lo social es un planificador que sabe a priori lo que va a producirse al final. Las acciones están vistas como programas prefijados. Este es un modelo que produce eficiencia, la que es monodimensional y lineal y por lo tanto sólo tiene sentido en contextos estables.



La influencia de la postguerra

Después de la Segunda Guerra Mundial surge con mayor intensidad la divergencia con respecto a esta mirada del "mundo tal cual es". Pareciera que cuando la humanidad toca límites que plantean su posibilidad de destrucción comienza a replantearse hacia dónde marcha su destino. Fueron muchas las líneas de pensamiento que se replantearon, cada una desde su campo de problemas. La concepción sistémico cibernética, la epistemología genética, la semiótica, la filosofía del lenguaje, la neurofisiología comienzan a plantear la perspectiva del "conocimiento del conocimiento".

El cambio de un pensamiento lineal centrado en la razón, a un pensamiento complejo abre la inclusión de la historicidad, el valor de los afectos, de las percepciones. Es decir, se introduce una racionalidad diferente.

Comienza a resaltarse la importancia de reconstruir lógicamente un lazo de relaciones autoorganizadoras : el lazo biocultural que surge del lazo biosocial. Las aproximaciones genéticas, neurológicas, antropológicas, psicológicas, pedagógicas, ecológicas, sociológicas, históricas, entre otras, convergen para dar consistencia y enriquecer a la vez la idea de la unidad y de la diversidad humana. Surge con fuerza la característica de la organización del sistema humano: la generación de grandes variedades de comportamientos y de relaciones sociales. Se comienza a ver un sistema humano multidimensional resultante de interacciones organizacionales, que presentan caracteres muy diversos.

Abandonada la posibilidad de lo inmutable, comienza a pensarse en el cambio como un proceso que se da en forma discontinua a través de sistemas autoorganizados. Estos nuevos desarrollos nos llevan a tratar de entender sistemas desde el interrogante de cómo generamos nosotros ese sistema.

Dichos cambios al mismo tiempo que mantienen una estabilidad lograda con anterioridad, desarrollan modalidades organizacionales novedosas.

Si entendemos a los sistemas sociales como sistemas autoorganizados podemos plantear que el cambio introduce un nuevo orden a partir del orden anterior, del desorden y de la capacidad de actuar como un seleccionador de elementos útiles para su estructura. El lenguaje tiene una central importancia en el proceso multidimensional del fenómeno cognitivo-perceptivo, ya que el lenguaje construye el mundo.



Pensando en redes

La entrada en esta cultura de la complejidad nos lleva a visualizar el universo como una red de interacciones. La epistemología clásica nos legó la metáfora piramidal. Esta pirámide poseía en la cúspide un centro de poder del cual dependían las decisiones, al igual que lo que se debía saber y decir. No sólo creímos en esta metáfora sino que contribuimos a sostenerla con nuestro accionar. Como ejemplo, la creencia sostenida de que las instituciones, entre ellas el hospital, funcionan porque el director está en su puesto a las ocho de la mañana, en lugar de pensar que su funcionamiento depende de la responsabilidad de cada uno de los que la integran, incluido el director. Pero sucede que frente al pensamiento jerárquico, aparece la posibilidad de buscar las pautas de conexión (Elina Dabas y Néstor Perrone, Redes en salud).

Surgen, entonces, otras formas de concebir la relación entre las personas: las redes y las concepciones heterárquicas (Von Foerster, 1990 - Najmanovich, 1995). Esta concepción nos aleja de las formas jerárquicas, que tratan de imponer la autoridad de la verdad única. Desde esta nueva perspectiva, el conocimiento es el producto de la forma singular de la relación entre las personas y su mundo. Es el resultado de la interacción global del hombre con el mundo al que pertenece, el mundo de la diversidad donde la "integración" sólo puede aspirar a legalizar la legitimidad de las diferencias, reconocerle el territorio de lo polimorfo, de lo multiforme, la diversidad de sentidos.

La metáfora de la red nos ubica en que las singularidades no son las partes que se suman para obtener un todo sino que construyen significaciones en la interacción, que una organización compleja es un sistema abierto de altísima interacción con el medio, donde el universo es un entramado relacional. El conocimiento ya no busca la certeza sino la creatividad; la comprensión resulta más importante que la predicción; se revaloriza la intuición y la innovación.

La mirada sobre las organizaciones sociales desde esta perspectiva permite pensarlas como redes sociales, dentro de una concepción que concibe la realidad en términos de relaciones, de pautas que conectan. En ese sentido las redes sociales han existido desde siempre dentro de una realidad dinámica y cambiante, asumiendo diferentes formas de relación, interacción, comunicación e intencionalidad. Lo importante es que los propios actores involucrados en esas organizaciones tomen conciencia de la existencia de esas redes, al igual que los administradores que generan intervenciones para su mayor efectividad.

Debe tenerse sin embargo en cuenta que los cambios no suceden de un día para otro. Se trata de un proceso que ya está iniciado, que tiene avances y retrocesos, que implica una migración epistemológica. Ésta no se produce abruptamente; está acompañada por momentos de entusiasmo por lo nuevo; otros, de miedo por lo que se dejó; algunos, en que lo diferente a emprender resulta difícil de realizar y por lo tanto nos tienta a regresar a las formas conocidas.

El punto clave de este modo de pensar el mundo es el de reflexionar permanentemente con otros, replantearnos nuestra propia red de relaciones para no padecer la paradoja de "querer trabajar en redes mientras vivimos aislados"





Reconociendo las redes sociales

Vale a esta altura detenerse en la noción de red social, que incluye a la red vincular (vínculos) y la red nocional (nociones). La red vincular está constituida por las múltiples relaciones que cada persona establece. Los seres humanos convivimos en un universo vincular en evolución y nos relacionamos con él atravesados por la emoción. Esto nos permite crear el mundo con otros y construir significados diversos según el contexto. Al mismo tiempo la red nocional permite contar con un soporte que posibilita enmarcar nuestro accionar a través de “esto quiere decir lo mismo para ambos”.

No se trata solamente del marco teórico en el cual los profesionales respaldan su accionar, muchas veces éste se constituye en la repetición de una construcción realizada por otro. En cambio la red nocional, basada en diversos marcos teóricos, es una co-construcción peculiar, modificable y factible de enriquecerse permanentemente.

La noción de red social implica un proceso de construcción permanente tanto individual como colectivo. Es un sistema abierto, multicéntrico, que a través de un intercambio dinámico entre los integrantes de un colectivo (familia, equipo de trabajo, barrio u organización, como el hospital, la escuela, la asociación de profesionales, el centro comunitario, etc.) y los integrantes de otros colectivos, posibilita la potencialización de los recursos que poseen y la creación de alternativas novedosas para la resolución de problemas o la satisfacción de necesidades. Cada miembro del colectivo se enriquece a través de las múltiples relaciones que cada uno de los otros desarrolla, optimizando los aprendizajes al ser éstos socialmente compartidos (Dabas, 1998).

La red como sistema abierto, implica que admite el ingreso y el egreso de las singularidades que lo componen así como la posibilidad de cambios en las funciones que éstas desempeñan. Así alguien que “cura” es en otra situación “paciente”; alguien que enseña puede en otro momento ser alguien que aprende, y a la inversa alguien que deriva pueda luego recibir una derivación contrarreferida. Esta característica hace que la red rechace a la compartimentación.

La multicentralidad de la red modifica el paradigma de la pirámide, donde todo debía converger a y partir de un centro único. También cuestiona el paradigma del archipiélago, según el cual cada unidad, aislada de otra, funciona por sí misma sin ninguna conexión entre sí. La propuesta no es la de poner orden al caos, o de dejar librada la organización a su suerte, y lo que es más grave a los recursos y capacidades de cada uno, sino la de pensar una organización en red, la cual remite a la noción de heterarquía anteriormente mencionada. Debemos entonces remarcar que la red apela permanentemente a la reciprocidad; esto es, se debe asumir que cuando se convoca a la red se debe esperar ser a la vez, convocado; cuando se solicita ayuda, saber que nuestra ayuda será también solicitada.

Una vez adentrados en la noción de red social surge el gran interrogante: ¿cómo trabajar en las redes, cómo fortalecerlas, como reconocerlas, cómo definirlas?

La búsqueda de la fórmula para crear ese escenario transformador hace que muchas veces no se aprovechen las oportunidades que los ámbitos de trabajo nos brindan. Si bien existen recursos metodológicos para implementar una estrategia de trabajo en red, las mejores intervenciones se realizan cuando se produce una opción sobre articulaciones y vínculos preexistentes. Se habla así de descubrir y apelar a las redes y de reconocer su preexistencia a nuestra mirada. En tal sentido los administradores deberán ser capaces de observar y plantear cambios sobre los senderos transitados, tomando los ejes organizadores de la tarea. Desde esta perspectiva, este accionar hará que su funcionamiento se promueva y se potencie, incrementando indudablemente la calidad, eficacia y la eficiencia de la gestión.



Administración, gerencia y redes

La administración transitó a lo largo de este siglo por diferentes enfoques que dieron a las organizaciones objetos de estudio, sus particulares concepciones y levantaron para su mejor comprensión distintos aspectos y dimensiones de análisis, que funcionaron a modo de hipótesis explicativas de sus desempeños.

Estos enfoques guardan un carácter científico, en tanto surgen de observaciones sistemáticas y se expresan en modelos coherentes, aunque sean limitados y aproximativos.

El pensamiento positivo dejó la impronta de las organizaciones como estructuras rígidas, en las se reparte el poder y la autoridad verticalmente entre distintos niveles jerárquicos, a la vez que se divide el trabajo a realizar según criterios de especialización.

El pensamiento del siglo XX aportó otras concepciones que deben ser capitalizadas como conquistas en materia de administración y gerencia, las que culminan al cierre de la centuria con las propuestas de nuevos paradigmas, materializados en buena medida en la visión de las organizaciones como redes y trabajando en red.

La organización es visualizada como una red compleja de relaciones entre las distintas partes que la conforman. Cada parte conoce dinámicamente a cada una de las otras. El valor de un elemento lo determinan los nexos, la red de relaciones y el estado de los otros miembros. Las estructuras son objeto de percepción, red de relaciones percibidas y no realidades físicas. El significado de las partes está determinado por el conocimiento previo del todo. El todo está en cada parte y éstas a la vez están en el todo, lo conocen y pueden reproducirlo. La organización se transforma en un conjunto de pequeñas organizaciones, administradas con un máximo de interdependencia. La conexión de las partes está dada por un intenso sistema de comunicación, en el que todas las informaciones son distribuidas igualmente por todos los sectores. Cada una de las partes sabe bien que pasa en las otras. Las personas forman parte de un sistema social común, comparten ideas y objetivos, tienen polivalencia funcional y sentimiento de pertenencia, sin forzar la conformidad. Se reduce la gerencia intermedia. Los liderazgos son alternativos y variables y aún voluntarios.

Lo que parece estar emergiendo no es un futuro dominado por una corporación o un gobierno global, sino un sistema mucho más complejo, similar a la organización en matrices, que se ha visto surgir en ciertas industrias avanzadas. Más que a unas cuantas burocracias globales, piramidales, se están tejiendo redes o matrices que enlazan diferentes clases de organizaciones con intereses comunes, un sistema reticular abierto, en lugar de un sistema cerrado (Alvin Toffler).

Los códigos básicos de los nuevos enfoques de la administración tienen mejor cabida en las redes y el trabajo en red:

Diversidad, pluralidad, inclusión, interacción, dinámica, complementariedad, interdisciplina, flexibilidad, compatibilización, negociación

Democracia, convocatoria, aproximación, participación, influencia, objetivos comunes, equidad, solidaridad, sustentabilidad, aceptabilidad moral, compromiso, nueva relación, cooperación, colaboración, comunicación, transparencia, satisfacción, creatividad, innovación, cambio



Finalidades del trabajo en red

Para la generación de una red es imprescindible que exista una finalidad explícita, de interés para las instituciones y las personas que han de conformarla (ideario compartido) Estos fines no reemplazan ni colisionan con los fines de las organizaciones participantes, ni con las funciones o estructuras formales existentes, sino que en general los complementan, aunque introducen cambios profundos en su concepción y funcionamiento.

Los fines pueden ser muy disímiles, algunas redes son de defensa de derechos, otras son utilitarias para mejorar la producción de bienes o servicios, otras para el intercambio, por citar algunos ejemplos. Algunas pertenecen al campo de la educación, otras de la salud, o de la comunicación; algunas vinculan centros de investigación y la excelencia de las ciencias y otras al mundo del arte, estableciendo incluso entre ellas nexos hasta ahora inimaginados. En nuestros días, muchas de ellas funcionan apoyadas en la cibernética.

La intención del trabajo en red es aunar esfuerzos, evitar duplicaciones, alcanzar por complementariedad una mayor capacidad resolutiva, ser más eficaces y eficientes en lo que se hace como producto del intercambio y la colaboración. Casi todas las redes en salud tienen entre sus fines la actualización, la nivelación y la educación continua de sus miembros.

Cuando se decide lanzar un trabajo en red, las instituciones y las personas que se vinculan procuran aprovechar el valor de la heterogeneidad y la diversidad para el beneficio del conjunto, estimular el intercambio y la cohesión entre ellas, reforzar la identidad de las partes, generar una masa crítica con dimensión y representatividad, capaz de promover los cambios deseables e influir en las decisiones fundamentales (Red PROASA, Programa de Administración de Salud, Fundación Kellogg).

Una advertencia de los administradores respecto de la construcción de organizaciones en red es que se procure no normalizarlas ni regularlas demasiado, a fin de no caer nuevamente en esquemas burocráticos rígidos, perdiendo las cualidades de la flexibilidad y la voluntariedad que caracteriza a las redes.

Con frecuencia el trabajo en red se orienta al mediano o largo plazo, aunque siempre atento a los problemas de la coyuntura. La propia consolidación de una red requiere tiempos prolongados más allá de las urgencias. Sin embargo las redes responden con prontitud a los hechos que las provocan o demandan su respuesta, visualizándose en oportunidades y por este mecanismo en la plenitud de su presencia, como puede verse por ejemplo en las redes de defensa de derechos.

Poner en funcionamiento redes intersectoriales aparece como uno de los niveles más complejos de alcanzar pero también como uno de los de mayor proyección en el momento de considerar su impacto.

Por un lado, realiza una contribución al fortalecimiento de la Sociedad Civil , de singular importancia en un país en proceso de consolidación democrática. Las personas, al formar parte de la gestión pública y actuar al mismo tiempo desde el lugar de ciudadanos y / o como integrantes de asociaciones profesionales, gremiales, comunitarias, promueven el desarrollo de la trama social desde su propio accionar. Esto genera no sólo un campo de participación sino también de asunción de responsabilidades.

Al mismo tiempo, este proceso constituido por prácticas interactivas, promueve la “cultura del relacionamiento” que mencionáramos más arriba. Estas prácticas conforman un capital simbólico invalorable que posibilita pensar desde otra perspectiva no sólo el desarrollo de la sociedad sino la adquisición de un entrenamiento social para el abordaje de situaciones críticas, como catástrofes, epidemias o emergencias (Bertucelli, 1994)

La eficacia técnica se potencia con actores sociales comprometidos y conscientes de la importancia de su accionar en la red social. Esto no es azaroso. Para que este accionar sea considerado importante por los propios actores, es necesario prever y promover un lugar claro de inserción en la trama de la sociedad, tareas específicas y una valoración adecuada de las mismas. Asimismo, es necesario considerar, que la instauración y profundización de las prácticas de red requieren de un proceso sistemático y continuo, el cual debe ser evaluado constantemente.

Nota relacionada.
Aporte del alumno Humberto:  Redes, ¿casualidad o destino?

No hay comentarios: