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24/11/11

Periodismo, viajes, literatura. Viajar para contarlo.

Gabi Martínez es un escritor español y profesor del máster en Periodismo de Viajes que organiza el Gabinete de Comunicación y Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).
 Ha publicado varios libros de viajes, entre ellos: Los mares de Wang, donde narra el viaje que hizo por la costa china junto a su traductor Wang; Sudd, que cuenta los recorridos de una cosmopolita expedición que reúne a empresarios, políticos y representantes de tribus enfrentadas de Africa que se embarca en una travesía que remontará el Nilo Blanco, hacia el sur del continente y Una España inesperada, libro de  crónicas, del denominado "nuevo periodismo".

A continuación, algunos pasajes de una entrevista al autor donde cuenta las tensiones en el periodismo de viajes.

 
Sin embargo, y pese a la atención que concita la literatura nacional, el autor asegura que la convivencia entre periodismo, literatura y viajes en el país es compleja. “Faltan escritores que trabajen el viaje y el periodismo a fondo. ¿Por qué? Una posibilidad es la ideologización del periodismo: los medios de comunicación admiten mal a los librepensadores purasangre, lo que antes se denominaba francotiradores (palabra que se ha volatilizado del vocabulario periodístico-literario). Otra, es vivir en un país volcado en el turismo que tolera de muy mala gana cualquier crítica al territorio, y más que libros de viajes reclama panfletos publicitarios”. Y pone un ejemplo: “El gobierno canario pidió la retirada de mi libro Diablo de Timanfaya, donde aparecían opiniones de vulcanólogos advirtiendo sobre las construcciones de apartamentos y hoteles demasiado cerca del mar, y el riesgo que éstos correrían en caso de erupciones que provocaran tsunamis en aquellas costas”. 


 
 -¿En qué sentido cree que su trabajo es considerado vanguardista?
“Cuando concebí Ático (el libro elegido en Spanish Fiction in the Digital Age), era consciente de estar proponiendo algo distinto, tanto por la forma narrativa (incluía pantallas de videojuegos) como por ciertas libertades que me tomaba incluso con la ficción, inventando un juego tan sofisticado, que hoy aún no existen inteligencias artificiales capaces de convertirlo en realidad. De todas formas, no hice más que ser consecuente con el espíritu del propio libro: jugué. Decidí inventar mezclando ideas y mundos (literatura y videojuegos, el más llamativo) que hasta ese momento parecían incompatibles y sin embargo yo sentía cercanos, entre otras cosas, porque mis padres regentaron un videoclub durante más de veinte años, además de una juguetería durante mi infancia. Cuando juegas olvidándote un poco de las reglas, te concedes una libertad que suele llevarte a un lugar distinto. Hice lo mismo con las crónicas de mi libro Una España inesperada, concediéndome una libertad extrema que hizo que los críticos situaran el libro en la órbita Foster Wallace. Y he vuelto a jugar, a transgredir ciertas normas, en el libro sobre la Gran Barrera de Coral Australiana que publicaré el próximo año”.
“Supongo que a uno se le considera vanguardista cuando está proponiendo ideas, estéticas, lo que sea que suene a más o menos novedoso. Cuando trabaja con material que a veces parece casi de desecho, y sin embargo demuestra que de ahí se pueden sacar formas. Supongo que así se ven algunos de mis trabajos. Pese a todo, mis libros de viajes, novelas de corte más clásico y trabajos de periodismo literario hacen que la etiqueta de vanguardista no sea la única que me cuelguen”.
 -¿Cuál es el principal aporte de viajar y conocer los lugares sobre los que tratan sus libros?
“El detalle y la emoción. Una frase se escribe de otra manera si ha sido vivida. Hay percepciones imposibles de aprehender si te quedas en casa aunque es cierto que hay escritores muy hábiles y de gran fantasía que pueden transmitir sensaciones poderosas. Pero si esos mismos escritores hubieran estado en los lugares sobre los que escriben, aún les habrían salido textos mejores. Por otra parte, los viajes reportan dos cosas fundamentales: paciencia y sustantivos. Paciencia es una palabra que todo el mundo tiene en la boca, pero luego cuesta enormemente aplicar. El viaje te obliga a la paciencia, a entrar en el tiempo de un modo inconcebible en la ciudad. Y los sustantivos se recuerdan mucho mejor cuando has tenido un contacto visual, olfativo, táctil... real, con ellos. Aparte de que descubres muchos nuevos”.
 Consejos para viajeros
- ¿Qué consejos daría a un viajero que quiere escribir sobre lo visto y vivido en su viaje?
“Antes de viajar, podría haber leído bastante, porque así, una vez en el lugar, las asociaciones entre lo leído y lo que se está viendo son casi automáticas. La sensación de estar asimilando e incluso comprendiendo mínimamente, gratifica y es útil. Durante el viaje, que apunte cada reflexión, cada detalle. De vuelta a casa tiendo a ordenar los apuntes y hacer fichas explicativas que me ayudan a repasar el viaje de nuevo. Después de aquellas primeras lecturas, de las notas viajeras y de los resúmenes posteriores, la escritura saldrá casi sola”.
-  ¿Qué es lo que buscan y encuentran los lectores de libros de viajes y travesías? ¿Y en particular en sus libros?
“Cuando uno empieza a leer literatura, busca una experiencia. Los libros de viajes suelen asociarse además a una búsqueda de información concreta y útil. Aunque lo que aportan los buenos libros de viaje son experiencias perturbadoras, estimulantes, que despiertan el deseo de abandonar tu casa y salir ahí fuera a aprender y empaparte de exteriores. ¿En mis libros? No quiero aburrirme a mí mismo así que intento proponer cosas distintas en cada uno. Al principio, por ejemplo, en Solo marroquí o Diablo de Timanfaya, retrataba lugares mientras observaba mis reacciones. Esa cierta introspección y descubrimiento de un-individuo-escritor-en-el-mundo se ha visto matizada con los años. Los mares de Wang, por ejemplo, habla de un auténtico choque de civilizaciones representado en la relación que mantuve con mi guía por la costa china, Wang”.
-En su último libro "Sólo para gigantes", pese al riesgo, usted decide ir al Hindu Kush a desentrañar la muerte de Jordi Magraner. En términos narrativos, ¿cómo cambió el libro antes y después de ese viaje?
“Antes de viajar, leí muchos de los mejores libros de periodismo literario de los últimos años. Observé que la mayoría se escribían en primera o tercera persona, íntegramente. Pensé que debería decantarme por una u otra persona. Iba a inclinarme por la tercera, claro, porque el protagonista del relato era sin duda Jordi (Magraner). Sin embargo, en el momento en el que la familia me encargó poner la lápida en la tumba de Jordi (Magraner), y después de la impresionante experiencia vivida en las montañas, vi que yo había pasado a formar parte de la historia, de modo que decidí continuar pivotando sobre la tercera persona si bien de vez en cuando la alternaría con la primera, con mis apariciones. Además, añadí pequeñas cápsulas (episodios significativos, reflexiones sobre los gigantes, informaciones periodísticas, citas literarias) que debían ir punteando la historia, aportando la atmósfera, la iconosfera, el mundo de ideas que de algún modo nos unían a mi investigado, a mí y a cualquiera que desee llevar adelante una ilusión y aspire a la aventura”.

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